Desarrollo y sueños en los niños

Entre los 3 y 6 años, los chicos experimentan el pico de desarrollo de la imaginación, y son justamente esas fantasías las que los llevan a soñar con brujas, monstruos y otros personajes irreales que les provocan miedo.

  • Pedirle al chico que relate su sueño, sin presionarlo si no quiere. Reproducirlo en un estado consciente ayuda a procesarlo y distinguir la fantasía de la realidad. 
  • Explicarle que sólo se trata de un sueño. Si bien puede no ser de gran ayuda en ese momento, las palabras de los padres siempre resultan reconfortantes y, a la larga, la explicación también es una manera de que aprendan que los sueños no son reales. 
  • Si es necesario, los padres pueden mostrarle al chico que no hay monstruos ni fantasmas escondidos en el placard o detrás de la puerta. Ver que su cuarto está igual que siempre es tranquilizador.
  • Recordarle que su mamá y su papá están cuidándolo desde el otro cuarto y que nada va a suceder.

Si les leen un cuento que los impacta o ven una película tenebrosa antes de acostarse, es probable que las imágenes se “cuelen” en sus sueños y se conviertan en pesadillas. Muchas veces, las pesadillas se confunden con los terrores nocturnos, un trastorno del sueño que suele presentarse durante la primera mitad de la noche y que hace que el chico se siente bruscamente en la cama y empiece a gritar o llorar con desesperación, a pesar de estar profundamente dormido. Los terrores nocturnos duran entre 2 y 10 minutos, lapso en el cual es prácticamente imposible lograr despertar a quien los padece.  

Si un chico tiene pesadillas, en cambio, sí es importante intervenir y darle contención para ayudarlos a pasar el mal momento. Estivill advierte, sin embargo, que no es bueno llevarlo a la cama de los padres para que se tranquilicen porque se les estropea el hábito del sueño independiente. Siempre es mejor que el adulto se traslade a la cama del chico y lo ayude a recobrar la calma ahí. 

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